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sabor las pocas horas que me detuve con él, pues era preciso volverme a Bolonia aquella misma tarde; y alla va a Dios y a dicha su pintura, que te suplico, senor letor, me permitas la copia de un borron rasgueado de priessa en la posada de los Tres Morillos al momento que de retorno apeéme de la calessa:

El padre Isla es bajo antes que alto, flaco antes que gordo y de un color legitimamente espanol; que quiere decir, con unos visos de ulivino no muy cargado. Cara entre redonda y oblonga, ojos azules, pequenos, un si es no es avellacados, y un muy mucho ardidosos. Tiene las cejas nada pobladas, que llevan tal cual memoria de que in diebus illis fueron rojas. De pestanas no se hable. Assomáronse a salir y se quedaron a la puerta. Mejillas mas encendidas que pálidas y lisas comò berengenas. La nariz algo escasa, pero sin deformidad. Un cano oscuro en pelo y barbas que acuerda todavia lo vermejo. Ya tiene acuestas sus sesenta y nueve anos, que si le oprimen, no le agobian, pues es derecho comò un buso. Sus movimientos son ágiles y sus ademánes desembarazados y enérgicos. De todo este conjunto resulta una cierta presencia muy significativa y muy grata. En las pocas horas que habló conmigo, cayéronle no pocos colpecillos muy vivos y muy alegres, aunque su pronunciacion sea mas tarda que veloz, porque nunca mas tropieza la lengua, que cuando no encuentra en que tropezar. Con todo, dice lo que quiere y lo dice comò quiere ni mas ni menos que en su Fray Gerundio.

Si este bosquejo no te contenta, mira, letor, detrás del titulo, y alli verás su efigie, que no quise dejar Bolonia sin tenerla de assaz buena mano.

Este era el hombre que yo buscaba, que encontré y que me recibió con una cortesia, con un agrado, con un carirío tan sincero y tan naturai, que a la primera palabra le huviera olido lo castellano viejo y lo campesino, aunque no huviera trahido de Espaha las noticias que tenia de sus modales garbosos y caballerosos. Enfin mi viejecito tratóme luego con tanta abertura y franqueza comò si los dos huviéramos andado junticos a la escuela; y es el caso que, aplicádose al estudio de la lengua italiana, tuvo noticia de no sé que Frusta y otros enredillos mios,