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no me atrevi’a a imprimirlo sin salir primero de está duda, que me tenia suspenso y arrebatado? No tiene Usted presente corno quedó imperfecto el istruirle del medio de que me vali para salir de este berrozal y para assegurarme de que mi manuscrito acordaba de punto en punto con su originai? j Pues óigame Usted por amor de Dios y de su bendita madre!

Es pues el caso que en la primavera del ano 1771 hice otro viaje desde Londres á Italia, porqué ha de saber, mi senor letor, si gusta saberlo todo, que habia comò unos sesenta y ocho aiios, que se le antojó a la mujer de mi senor padre parirme en la ya nombrada metròpoli del Piamonte. De Turin di entonces una apressurada corsa a Bolonia para ir a saludar de rebato a unos mis antiguos amigos que alla vivian en aquellos dias: pero, valga la verdad, que uno de mis principales impulsos a la tal ciudad fué la vivissima comezon que tenia de ver con mis dos ojos al autor de la Historia gerundiana, pues habia llevado la noticia desde Londres de que probablemente por alla le encontraria.

Déjome de afirmar que este objeto de mi tan vehemente curiosidad fuesse igual a ninguno de aquellos tan corpudos hombrones llamados ginosofistas, a cuyas casas emprendian larguissimas peregrinaciones los antiguos filosofos, con el solo fin de verlos y oirlos hablar acerca las ciencias professadas por el assombroso Bracman don Zoroastro y por sus discipulos y seguaces no sé cuantos centenares de anos antes la fundacion de las Pirámides. Lo que digo es, que yo no pude resistirme á la fogosa gana de conocer un escritor, cuya obra me tenia casi hechizado; y la favorable fortuna que iba guiando y disponiendo mis cosas a pedir de boca, hizo que en aquel mismo dia que Uegué á Bolonia supe, que Su Paternidad se estaba solo solito en un aldeguela nombrada Crespelano, distante no tanto comò trés leguas de la misma ciudad. ; Jesus que me holgué de las nuevas! Y sin mas ni mas, el dia después bien de madrugada embanastéme en una calessa alquilona y en dos horas me halle en la presencia de Su Reverendissima. Esatamente, corno me le habia propuesto, miréle y remiréle a mi