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en Galicia, sin darsele dos maravedies de las conveniencias de su casa, que no serian malas si se considera que era único hijo della y que los buenos de los loyolistas nunca usaron admitir en su gremio progènie de pobretones.

Siguió nuestro Josef Francisco las dos carreras de cátedra y de pulpito, eserciendo una y otra en varias ciudades de su provincia por muchos anos y no sin conceto (creo yo firmemente) de viveza, de penetracion y de elocuencia, basta que algunos achaques le retiraron a Castilla en el colegio de Villagarcia y despues al de Pontevedra en Galicia, lugar, si soy bien informado, de mucha amenidad y de aria muy salubre, adonde dio principio, medio y fin a la tal Historia del famoso predicador, la cual, embiada después a la corte, fiaé imprimida comò tengo dicho, no toda, sino la mitad y bajo el nombre del susodicho don Francisco Lobon.

Llegó entretanto en aiio de 1767, en el cual se fulminò contra los jesuitas de Espana aquel decreto que cadauno sabe, y que los rempujó a todos de su patria, no sé si con justicia ó sin ella, que nunca quise meterme en essas Honduras politicas. Basta que nuestro padre Isla, siguiendo y quizá de muy mal talante, la fortuna de sus companeros, vino rodando a parar en el Estado eclesiastico, adó le tocó por morada un rinconcito de cierta casa campestre dentro la legacia de Bolonia, muy retirado y apacible; y alla se vivia el buen viejecillo tan alegre y sereno cuanto lo puede estar en Roma el mismo papa, pues, aunque su genio y trato era muy sociable, su amor a los libros y a la piuma le hacian estimar en mas a los prados y bosques, que no a las calles y plazas, ni se le daba un pito de reales decretos y de politicas pontificales.

Ahora entro yo, y ahora tambien Usted, mi senor letor, para que Usted sepa que está mi prolija digression no ha sido tan impertinente comò quizá le debe de haber parecido.

l No se acuerda Usted de lo que arriba le dije, que yo me hallaba con un esemplar manuscrito de la segunda parte del Fray Gerundio y que no sabia si el tal esemplar seria tan infici comò otros muchos que corrian por todas partes y que assi